Esta vivienda se concibe como un ejercicio de pureza formal y diálogo con la luz. El proyecto articula volúmenes curvos y planos continuos que, al entrelazarse, generan una arquitectura serena y escultórica. La materialidad combina revocos claros de inspiración mediterránea con lamas verticales de madera natural, aportando calidez y equilibrio al conjunto.
Los gestos estructurales —curvas, sombras profundas y vuelos precisos— construyen un juego lumínico cambiante a lo largo del día, reforzando la sensación de refugio y apertura simultáneamente. La relación interior-exterior se acentúa mediante grandes aperturas enmarcadas que diluyen los límites, integrando el paisaje y la vegetación autóctona en la experiencia cotidiana.
El resultado es una vivienda atemporal, donde la geometría suave, la luz y los materiales nobles conforman un espacio contemplativo, contemporáneo y profundamente conectado con su entorno.