La farmacia se ubica en la planta baja de un edificio de viviendas de nueva planta, integrándose en la arquitectura del conjunto mediante un lenguaje contemporáneo y neutro. El proyecto interior se define a partir de una paleta de materiales cálida y serena, donde predominan los tonos blancos y la madera de roble natural, generando un espacio luminoso, ordenado y acogedor.
El techo, resuelto mediante vigas de madera de roble vistas, aporta ritmo y calidez al espacio, reforzando la sensación de calidad y confort. El mobiliario se diseña a medida, incorporando detalles en curvas sinuosas que suavizan la geometría del local y acompañan el recorrido del usuario, creando una experiencia más amable y fluida.
En el exterior, la farmacia se reconoce como parte del edificio pero con identidad propia. Destaca el contraste entre los elementos blancos que forman vuelos curvos y ligeros, y la base del local, resuelta con un chapado de piedra crema en fachada ventilada. Esta combinación de materiales y formas genera una imagen elegante y atemporal, fácilmente reconocible desde el espacio urbano, y coherente con el carácter neutro y natural del interior.